Cera líquida


9 de octubre de 2017

Algo debo de tener de felino,
pues con frecuencia me descubro
agazapado en tu mirada, como brillo;
a veces sigiloso soy palpitación,
ardiente afán reptando firme por tu seno,
al acecho de esos deseos tuyos
paciendo en lo bajo de tu vientre
y mis besos cazadores se deslizan
arañando apenas la pradera en torno a tu ombligo;
paso a paso, predador, voy
tras tus sedientas ansias
y, en llegando a la orilla de tus labios,
con certero golpe mi lengua logra darte
con mi palabra el sensual, mortal zarpazo.

Algo debo tener de felino,
pues ya ahora, en mi verbo,
yo te degusto. Entre mis dedos
el mortífero instrumento yo sostengo
y, así, tan pronto como en un suspiro,
en tu boca, cera por tu ardor derretida,
gota a gota, con sabor de tiempo yo me vengo.

Yemayá



20 de junio de 2017


Ese indicio que apunta,
dirige mi vista sin duda
allende el horizonte, a lontananza;
es deseo que se encarna,
anhelo al que se arraiga mi esperanza,
a la que mi afán marino
cual suave brisa se abraza.

Esa ardiente flecha me señala
el camino por el cual se alejan
los temores y los males
y por donde pueden arribar
hasta el muelle de tus labios
estos versos navíos fantasmales
hasta hoy navegando a la deriva
en busca del puente de tu alma.

Ese faro cuya sola vista abrasa
lanza hacia mí la cadena
de circunstancias con que atoa
a estas letras con que mi memoria barca
riela sobre tus mareas
rumbo a esa playa en tus orillas,
donde mi interés náufrago encalló apenas
en cuanto supo cuánto te ama.

Esa rama, esa pierna levantada
fue noticia otrora y del escándalo objeto de mirada.
Hoy es, en mis poéticos amares,
ancla que me fija en tu profundidad
de santa diosa oceánica.

Apuntes al vuelo

Foto: Archivo VETA Creativa (del portafolio erótico del autor)


3 de mayo de 2017
Este espacio en donde reposan las letras,
escritorio de mis afanes y deseos
frecuentemente es cementerio
de esas ideas otrora anotadas al vuelo.

El polvo se acumula en la superficie
emparentando de ese modo con el olvido.
Rasgo ese y est’otro papeles cortando
con saña las palabras que ya son más disgusto.

Y al soneto traigo, en cambio, la mortaja,
la verbal y enunciativa morralla
con la cual pagar mi viaje al gondolero.

Voy camino a la locura de este amarte por entero.
Vengo desde la tierra donde las ideas fenecen
apenas, muy apenas las acaricia con sutileza el tiempo.