La Mujer de mis Sueños

La noche transcurrió plácidamente. El día de mi cumpleaños 44 había sido calmo, común, sin grandes sorpresas. La presencia cercana de mis seres más queridos lo hizo inolvidable, único, como ocurre con cada aniversario. Pero esta vez una presencia significativa lo volvió inquietante.


Su hermosura no era cegadora, no era la imagen de la modelo ideal, pero su belleza cumplía justo con el patrón de mis anhelos. Clavó su verde y prístina mirada en la mía, más de una vez; inquisitiva, curiosa. Varios encuentros tuvieron lugar. No podía escapar a su magnetismo a pesar de nuestras respectivas compañias. Mas todo quedó en la casualidad. La distancia se impuso y rompió la magia del momento.

Horas más tarde reapareció ella en mi almohada. Me habló.

"¿Te conozco o me conoces de alguna parte?", pregunté. "¿Debería?", respondió con sus verdes ojos fijos en mí. "Tal vez", dije y aclaré: "Me sucede con regular frecuencia. Reconozco los rostros de gente que he conocido en algún momento, exalumnos, amistades, pero no los ligo con nombres... Tú..."

Parpadeó lentamente, sonrió con levedad, segura de tener el control, entreabrió sus labios mirando los míos y cuando estaba por pronunciar la frase que aclararía mi incertidumbre, el despertar ocurrió. La mujer de mis sueños, de nuevo, se desvaneción dejándome deseoso de una palabra, de un acto, de un mañana.





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