ALABANZA A DIOS


Dos días ha me otea la revelación,
ideas de fuego rodean su testa,
su escultural figura hace yesca,
en su mirar fulgura mi pasión.

Ella es joven, muy joven y madre,
modelo de Galatea encarnada,
nuevo motivo de mi inspiración.

Punto de partida del anhelo,
desarma los versos del soneto,
reclama sin hablar ser amada



y el cuarteto y el terceto saben
que quizá no sea más que ilusión
palpitante en el centro del peto.

Rota la forma en el aire rezo,
juego con las rimas y mi pluma,
proponiendo a Dios prestar la Luna
a este poeta y mendigo de besos.

Siendo suyo admirador, Osana,
en el cielo no basta una loa;
halagada la naturaleza
del hombre lograda la pretensión,

al poema no queda más que sufrir
los devaneos de su torpe autor,
esperar que la envidia corroa
al que goza aferrado a la artesa;

que siendo infortunado en el amor,
hoy veo con nuevos ojos mi vivir
y alabanza de mis labios mana.

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