ACCIDENTE. Sexting 2

A una amiga, más que amiga y Olga, una persona muy perspicaz
a quien debo un verso capaz de detonar la idea.

Yo que sé lo que es el linchamiento
veo con preocupación esa carrilla
hoy llamada por unos ciberbuling.
Es esta suerte de cargada
ominosa forma del sarcasmo,
cínico veneno de ladilla,
que lleva a celos y descrédito
lo que ya, para gusto de unos, nos separa.
En realidad lo de ahora ya era ayer
conducta socialmente aceptada,
incluso promovida para mantener
a los desadaptados a raya.

Dicen por ahí
las malas lenguas
que tú eres de esas...
calientavergas.

Yo no sé la profesión u oficio
que quieren endilgarte las envidias,
sólo sé que con amor
y una mirada de esas...
refrescaste
este corazón mío
al amar tan entregado.
Si mis palabras han sido pervertidas
por una interpretación falaz,
la justicia hará lo propio
y en bien de la poesía que habitas
hará de tu silencio mi voz
y de mi lengua fuste pertinaz.

Dicen los que dicen saber que creen que saben,
que las montañas en realidad no existen,
sino son accidentes para los que los hombres
hemos tenido la metafórica ocurrencia
de llamar montañas, riscos, picos, montes, colinas.
Bien se ve que no han te han corrido en la aventura
de escalar ni siquiera con la vista
esas tus voluptuosas cordilleras,
de soñarse en el acto
de hendir el piolet del afanoso anhelo
entre las grietas y aberturas
que conducen a la cima de nuestro consuelo,
desde la que se divisa cimero
el horizonte bajo el cielo de tu mirada puesta
en el camino de un sol confundido con la luna.
Si en cambio te hubieran recorrido de hecho,
la conquista ya no habría sido sólo mía,
sino como K2, Everest y tantos más,
plagada de banderas triunfantes te hallarías,
todas enarbolando sobre ti el derecho.

Han sido tus bajadas y subidas,
tus senderos pedregosos,
el cenote de tu ombligo,
centro de mi personal universo,
tus aludes y hondonadas,
los rincones donde me he extraviado
más de una ocasión de esas...
desde que, gracias a cierta ocurrencia,
nuestros pechos se encontraron,
provocando este poético accidente
fruto de nuestra cándida dehesa.

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