Un Mundo Raro



Hoy he decidido que me voy
de viaje.
Hay un lugar que quiero
y tengo ganas de conocer.
Me voy a la Chingada.
Ya me han mandado
varias veces,
pero nunca he ido
realmente y por gusto.
Así que voy a planear
una temporada
larga
de vacaciones
por esos lugares.
Además dicen que cuesta
nada
ni el boleto ni el hotel
ni nada de nada.
Si alguien quiere acompañarme,
me avisa para apartarle un lugarcito.

Para amenizar mi viaje a la Chingada,
en compañía de todos los amables
amigos
y adorables
amigas
que se han sumado al tour,
voy escogiendo algunos temas
para cantar en el trayecto.
Ya cuando váyamos estando cerca
de la Chingada, a poco no,
se antoja esta (y no es albur)
melodía del alma.
Pensando en las bajadotas
que, dicen los que han ido antes que yo,
hay camino a la Chingada,
creo que esta línea rasgueadita
puede servir
para meter
freno
con motor
ptptptptptptptptpt

Alguien, alguna vez, me dijo
que la Chingada está más allá
de no sé qué mar tan procelosa.
Entre que son peras o manzanas,
tendré que pedir prestada
su brújula a mi amigo el navegante,
no sea que, en vez de a mi destino,
llegue a la puerta de tu infierno.


Dicen que en la Chingada florecen miradas,
se siembran razones,
se cosechan dulzuras
con formas de labios y se pescan
besos con pétalos de suaves tersuras.
Dicen que allá, y más allá,
los ríos desembocan en orgasmos,
que las montañas son volcanes
que eruptan extasiados
y que con la mínima caricia
arrojan leche como lava.


Me han contado que hay selvas
bajo las que los sueños nutren
el terreno donde enraiza el amor.
Cuentan que en la Chingada hay
ciudades flotantes,
nubes aterrizadas,
bruma en los ojos,
mercados pletóricos
de anhelos para la rebatinga. Cuentan
que en ese país la libertad se cubre
con el zarape del dolor
y que la esclavitud se abraza
al pecho del ser amado,
que allí el viento golpea
con el puño de la lengua
y que la lengua habla
con silencios engarzados
en collares de poemas.

Mi destino es,
por jodido
que me encuentre,
por jodida
que te encuentres,
un rincón
en la Chingada.
Hay allí, imagino,
una pequeña choza
donde gozaremos
la calor de la pernada.
Una sombra
que refresque
esta piel tan tuya.
Un sol
que enardezca
esa piel
tan mía de tan tuya.
Vente conmigo.
Vente sobre mí.
Que nos lleve la que nos trajo,
que nos traiga la que nos habrá de llevar,
pues noviembre está a la vuelta y allí
el beso que me habrás de dar.

Si en la Chingada hemos de vernos,
nomás toma en cuenta que más vale
viajar con los pies
pegados a la tierra,
pues dicen que el aeropuerto de allá
está tan alto que ni la soberbia llega
sin sufrir los estragos de las turbulencias.
Ve haciendo tus maletas,
si tanto te provoca venirte conmigo
en esta loca y amorosa empresa.

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