Apuntes para no explicar un poema

(Publicado originalmente en mis notas en Facebook, 14 de enero de 2011. En cuanto al poema mencionado, ya se puede leer también en mi blog VETA Literaria)

Normalmente uno no exhibe la correspondencia privada. Sin embargo esta vez he recibido una interesante solicitud de parte de un amigo y lector que quiero compartir con todos, pues estoy seguro que su duda será compartida por más de una persona luego de leer el poema "Piel de Tarde" que publiqué recientemente.
Mi amigo me escribe:
SOLO PARA PODER ENTENDER TU POEMA, DESDE CUANDO NO HAS ESTADO CON UNA MUJER, NO PASA NADA PORQUE TE MANDO ESTE MENSAJE SOLO A TI PARA QUE NADIE LO SEPA PERO EN BASE A TU RESPUESTA , YO TE TENGO UNA RESPUESTA, SALUDOS
He aquí mi respuesta que expongo abiertamente, sin tapujos pero hasta donde, como autor y persona estoy en derecho y disposición a contestar.
Un poema, como toda obra de arte, lo último que debe ser es entendido. El arte no se entiende, sino se padece, se vive, se disfruta, es una experiencia primeramente estética y en segundo término intelectual, aun cuando en el proceso de creación pueda ser una relación inversa (como de hecho lo es, aunque no de un modo tan simplista). 
Es obvio que toda forma de expresión conlleva un significado o miles. Toda obra es objeto de lectura, es decir de interpretación tanto por el sujeto creador como por el sujeto espectador. Y por lo mismo puede ser leída en tres niveles: 
  • Desde la perspectiva del autor
  • Desde la perspectiva del lector
  • Desde la perspectiva de la obra en sí misma
Un poco más de detalle sobre estos puntos puede ser leído en mi ensayo en dos partes intitulado "¡Alerta, primeros lectores! (1)" y "¡Alerta, primeros lectores! (2)" publicado para "Cadena de Lectores" de Editorial Alfaguara; pero, abreviando anoto que de los tres niveles el más importante es el último, sin demérito de los otros dos. 
Una vez separada del autor, aun viviendo este y teniéndolo a la mano, como es mi caso, la obra habla por sí misma y desde sí misma y por propio derecho, a partir tanto de su forma y estructura, que supone un orden, como de su fondo y trasfondo, que suponen una lógica propia. 
Es verdad que la lógica de la obra tiene como punto de partida la lógica del autor, pero como re-creador de significados, el lector aporta su propia lógica y añade por ello nuevos significados al conjunto, así como a los elementos constituyentes aislados de la obra. 
Desde el punto de vista analítico. Es perfectamente lícito y comprensible que el lector quiera entender lo que motiva la creación, tal vez para entender al autor en tanto ser humano. El lector tiene todo el derecho a preguntar al autor, si lo tiene al alcance. Aún así, cuando el afán intelectual se antepone al sensual, se ve la superficie de la obra, acaso se mira su texto, se mide y dimensiona su forma, entonces no se observa y mucho menos se contempla su contexto y el alcance de su proyección. La experiencia del autor sólo es un pre-texto generalmente útil apenas para definir los aspectos introductorios, genéticos de la obra, de fundamento de la obra, incluidos los de método y técnica, hasta los relativos al género en el cual queda inserta. 
Un poema, un cuadro, una construcción arquitectónica, etcétera, en tanto obras hablan por sí mismas de sí mucho más que de su creador y del contexto que las justifica. Son seres vivos, metafísicamente hablando, y en este sentido metáforas del autor y sus motivaciones, así como del lector y su apreciación del contenido e incluso del continente; pues no es igual publicar un poema o un retrato en una red social como esta, que hacerlo impreso en un libro o enmarcado bajo la luz de una galería. 
Mi experiencia real o vicaria, como individuo y persona, no necesariamente determina mi capacidad sensual como autor para examinar analíticamente mis impresiones respecto de un "objeto" sensual como la mujer o, en este caso concreto, de dos mujeres específicas que detonaron el poema, una madura y una joven, existentes, palpables. Las conclusiones a que llegue el lector respecto de mí no me importan más que las conclusiones a las que llegue respecto de la obra de interés. Los "hijos", ya desapegados de la madre, han de experimentar su propio derrotero, ser aceptados, rechazados, queridos, odiados, halagados o vituperados, crecer y gobernarse por mérito propio, y todo ello forma su carácter, delinea su alcance y proyección. Mi "Piel de Tarde" como cualquiera otro de sus hermanos anteriores o posteriores, o las ficciones, ensayos, artículos periodísticos, incluso las efímeras llamadas de atención que implican los tuits que hago en Twitter o las revelaciones de estado en Facebook u otros sitios, han debido y habrán de enfrentar la crítica de los ojos y pensamientos de los otros con la entereza que su propia forma y contenido les provean. Algunos sobrevivirán las pruebas del caprichoso gusto y tal vez las del tiempo. 
En cuanto a una respuesta precisa a la pregunta, la exhibición de mi intimidad personal como individuo es irrelevante en contraste con mi intimidad autoral, si caben las expresiones. En ese triunvirato de relación autor-obra-lector, no es gratuito que la obra quede en el centro, como medio de comunicación bidireccional y sin embargo tan aislado e independiente como los otros dos factores. Decir cómo la obra es leída por el lector explica medianamente al lector. Decir cómo la obra es creada por el autor explica insuficientemente a este. ¿Qué dice la obra de ella? ¿Qué dice la obra del autor? ¿Qué dice la obra del lector? Esas son las preguntas que importan y abren la gama de interpretaciones y por ello abren un universo de significados. 
Lector, no busques entender. Disfruta, que gozando comprendes. Aprecia. La lectura de comprensión amplía el campo de análisis, pero la apreciación se ancla en la síntesis implícita en la obra acabada y que salta a los sentidos. 
El organismo humano primero accede a la sensación, luego percibe sus efectos, enseguida establece las asociaciones entre estos y las emociones que disparan. Acto siguiente, semejante detonación ha de ser razonada, clasificada, calificada, aquí comienza el entendimiento que permite los pasos comprensivos vía la aceptación o rechazo del estímulo y su sentido, tras lo que, en el proceso, deviene la asimilación de la experiencia, la asignación de un significado denotativo, la relación con otros probables significados connotativos que expliquen la experiencia y, finalmente, la asunción de esta como algo apropiado por uno. 
La vida me colocó en fechas recientes dos mujeres para satisfacción de mis sentidos, en realidad. Las he gozado ¿con cuántos sentidos?, ¿hasta dónde?, ¿hasta cuándo?, ¿carnal o imaginariamente? ¿Ellas son conscientes de lo que provocaron? Una, puedo asegurarlo; la otra, estaría por verse. Pero, ¿en realidad me refiero a ellas o el poema aspira a alcanzar a otras mujeres y hombres del pasado, actuales o por venir?
El poema, cierto, como extensión mía en tanto autor, refleja parte de lo que soy. Pero como todo reflejo tiene cierto grado de distorsión, lo que ves de mí no es entera, exactamente yo. Lo que concluyes de mí puede estar sesgado por la refracción de la luz del entendimiento empecinado en dilucidar el estricto y ¿único? significado de cada palabra, cada verso, cada estrofa, cada espacio. No se trata de enunciados como los que construyen este ensayo-misiva, las frases obedecen a otras reglas gramaticales, unas que enriquecen mejor que empobrecer el trasfondo de las cosas. 
Que el autor haya estado seguido o nunca con una mujer, aquí y en el poema, no es el tópico central; pero ello no obsta  para que al lector así le parezca, y su cuestionamiento es válido y su conclusión muy suya. 
Amigo, hacer el amor no es solo un acto sexual. El amor no sólo se hace con caricias y besos e intercambio de fluidos. Amar va más allá que solamente mostrar una actitud, incurrir en hábitos, cortejar, conquistar, seducir. Se puede hacer el amor con palabras, incluso inmediatamente antes y después del coito. Aún más, se puede hacer a través de la distancia y las épocas, en silencio o ruidosamente, en contacto directo así como de manera indirecta. 
La palabra da el tiempo y el compás de espera, ajusta la respiración para que el decir se transforme en creer, para que el deseo dé pie a la necesidad y esta culmine mediante la satisfacción en la entrega. ¿Entrega de qué? De lo que el lector, a fin de cuentas, imagine, quiera, suponga, sepa, intuya, deduzca, compruebe. La obra consolida la entrega primordial que las cosas y las personas originarias pudieron proveer de cualquier modo, a veces insospechado, al autor; para que este vuelque de nueva vez lo ya hecho suyo, enajenándolo para la complacencia de otro. 
Amar es una acción tan sencilla que sólo abarca cuatro letras. Y ya se sabe que lo más sencillo suele ser lo más complicado.

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