ADICTO


20 de abril de 2012

Que de qué vivo, preguntas. No lo sé.
Podría decir que del producto
de mi sudor y mi cansancio,
ese que tu cuerpo me provoca
cada vez que me encuentro con tu boca.
Podría decir que del exiguo material ingreso,
tan ridículo y tan tímido que ni se atreve
a salir el muy ingrato de mi pobre bolsillo,
pero sería tanto como afirmar que sobrevivo
solamente por la acción de algún prodigio.
Yo no sé si apenas sobreviviré la quincena sin tu beso,
sin el mínimo pago que mi sexo en tu sexo deposite
para satisfacción de la banca donde el verbo breve
traduce conmiseraciones en caricias adeudadas.

Que de qué vivo, preguntas. No lo sé.
La única certeza que tengo es que me entiendo adicto,
dependiente de tus piernas, de tus labios,
ansioso consumidor de tu piel,
de tus silencios, los que aspiro con fruición en tus aromas.
Adicto a tu ausencia,
dosificada en líneas de presencia.
Enfermo de la embriaguez que me provoca tu verde mirada,
la que bebo y bebo sin saciarme,
hasta perderme en el delirio de tu ardor de mar tan esctricto.
Por culpa de este vicio que me significas y te significo,
voy adentrándome en ti.
Vas adentrándote en mí.
Vamos haciéndonos adictos a nuestras particularidades.
Vamos muriéndonos uno en otro por nuestras peculiaridades.

Que de qué vivo, preguntas. Tal vez, pienso,
vivo del dulce veneno de tu humedad,
la que me bautiza en el acto
de tu fe.

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