ADIÓS


Escrito hacia 1986, dedicado a Octavio Paz como homenaje luctuoso el 20 de abril de 1998. Dedicado a mi segundo padre, Bartolomé Sauto, tras su sentida muerte, 2 de octubre de 2008. Leído y dedicado a mi madre durante su sepelio  31 de enero de 2009. Dedicado, publicado y entregado al mundo en ocasión del fallecimiento de mi segunda madre, Carmen Díaz de Sauto, el 25 de noviembre de 2012. Dedicado a mi padre, fallecido el 17 de agosto de 2013. Dedicado al buen amigo Fausto Andrade, fallecido el 28 de enero de 2014, a escasas semanas de haberse mudado a mi casa. Dedicado al magnífico Gabriel García Márquez, creador del realismo mágico que tanto ha significado en mi vida y obra, fallecido el 17 de abril de 2014, luego de un muy real y mágico rojo eclipse total lunar...
Dedicado a Juan Gabriel, genial compositor mexicano que dejó huella en toda una nación, fallecido el 28 de agosto de 2016, dejando a un pueblo entero de tener alquien a quien pedir "Abrázame muy fuerte"...

Cuántos adioses en el camino; y los que faltan.


¿Por qué decir adiós?
¿A qué decir adiós
si tu rostro refleja
el coraje y la tristeza
con que te haces presente
más allá de la distancia,
más allá del tiempo,
más allá de la mirada?

¿Cómo es posible el adiós
si tu mente descuella
aun en el intrincado recuerdo de un pasado
perdido cual idea
— acariciante deseo —
entre las fibras leves
de ese hirsuto ser
que fluye por  tu lengua y tus manos.

Rebeldía,
desamor y algarabía
son, tras tus pupilas,
lo que habita
inerme,
constante.
Anhelo de vida que saluda
(y despide)
a la cortedad del conocimiento
a todo ajeno:
a cualquier roce tibio
venido de unos labios,
ajeno al cosmos;
extraño a lo propio y lo ajeno;
sin venir;
sin ir.
Estático.
Sin adiós ni bienvenida.

¿Cómo decir adiós
cuando lo has dado todo
sin pedir algo a cambio?

¿Cuál adiós manifestar
si la incertidumbre de vida,
de muerte,
fluye desordenada por el cuerpo entero
desecando la piel,
marchitando el gesto?

Adiós.

Puedo dejar huella en tu carne,
refundirme en el pensamiento.
Puedes amarme a destiempo,
sentir el soplo del verbo anacrónico
acariciar tus mejillas,
buscar refugio en tu intimidad
palpitante.

Puedo irme o quedarme.
Podemos volar o hundirnos
tú por tu lado,
yo por el mío,
los dos a una vez
pero, ¿cuándo debemos,
entonces,
decir adiós?

2 comentarios. Click aquí para comentar.:

Amparo Rosas dijo...

Cuánta melancolía, tristeza y soledad.
Una vez más, amigo mío, mis ojos se llenan de lágrimas, admirando la belleza de lo que escribes, sintiéndola, metiéndose en todo mi ser. Gracias por estos momentos tan bellos. Gracias mi querido amigo. Gracias.

Gracias a ti, querida amiga. Gracias por tu paciencia, interés y tiempo dedicado a leer mis cosas. Nunca imaginé tener tan fiel y cariñosa lectora.