Aplicaciones

8 de septiembre de 2015
                           — 1 —

Esos besos que me envías por watsá
provócanme a hacerte versos de aplicación,
automáticas líneas salidas del corazón,
tuits enredados en la palabra que va

de mi boca a tu boca, de aquí para allá,
como así, sin contar sílabas y sin razón.
Por ti —cosas de hoy— me vuelvo emoticón.
Soy esa abreviatura que en tus labios está.

Aunque ya no son tiempos de sonetos ni liras
aquí me tienes lerdo, signo, libre verso en la poesía.
Y aun cuando quizá tú ya ni en sueños me miras

creo en el poder de la palabra todavía.
De a loco en las redes quizá tú me tiras;
empero un día, aseguro, entre mis manos serás muy mía.

                           — 2 —

Miré tu incitante perfil en feisbuc
y me consumió de inmediato el ardor.
Pensé: esa verde sonrisa debe ser mi amor,
esa tersura me devolverá la juventud.

Así me atreví a solicitarte el contacto,
con la peregrina esperanza de hacernos amantes.
Y es que hoy el cortejo ya no es como antes,
hoy el deseo es breve como el poema que redacto.

Otearé tu mundo sumergido en el anonimato,
enviándote acaso telegráficas señas por el periscopio;
tal vez si así a tu cuerpo me ato

preso por tus gemelos de tus afanes haga acopio
y consiga de tu verdor orgasmos y arrebato.

Imbuido de tu selfi me hago de ti verso impropio.

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